Thursday, December 30, 2004

Pasamos una hora al teléfono. En ningún momento me faltó al respeto. Cortés, irónico, educado, gracioso, inteligente, elocuente, no sabía que ya me tenía en su telaraña. Tenerme físicamente era puro trámite.

En ningún momento me preguntó por mi vida. Lo tomé como una clara indicación de que marcaba distancias emocionales. Él lo había dicho. Era un trato. Era un negocio placentero, un placer negociado.

Los últimos diez minutos de la conversación se dedicaron a buscar una noche de sábado que nos fuera conveniente a los dos. No fue fácil. En fines de semana alternos estoy con mi hija. Los fines de semana que yo "libraba", él tenía "planes alternativos". No pude evitar pensar en cuántas más tendría en su maldita red...

Quedamos para el último sábado de Octubre. Me llamaría él, para no hacerme sentir más apuro. Me recogería donde yo quisiera y me llevaría a un hotel si la idea de ir a su casa me intimidaba demasiado. Me había intuído. Me imaginaba más segura en un hotel que en su casa, y sin embargo sentía curiosidad por ver cómo vivía...No lo tenía claro, le dije, ya confirmaríamos el lugar.

Al despedirnos sentí un ligero pánico, y empecé a sudar. ¿Cómo iba a poder vivir de manera normal durante un mes con eso en mente sin poder decírselo a nadie?

En ese momento pensé en empezar un blog, para desahogarme. Luego me pareció una tontería...¿Y si al final no resultaba? En un mes podría ocurrir de todo, y tal vez incluso se olvidara de llamar.

Esa idea me tranquilizó. Sí, claro, tal vez podría olvidarse de llamar y entonces yo no tendría que arrepentirme de nada...ni de haber ido, ni de no haber ido.

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