Thursday, December 30, 2004

Pasaban los días y yo me torturaba. Es lo malo que tiene no poder decírselo a nadie. Es lo malo que tiene querer hacer algo que sabes te dañará. Es como cuando te comes ese bocata a las doce de la noche, sabiendo que te va directamente a las nalgas, y que además dormirás fatal y te sentirás sumamente estúpida por haber sucumbido.

Cuando ya me quedaban dos días para "la llamada", enfermé. Un catarro común de esos que tocan las narices. Malestar general, dolores de cabeza, tos...No me hizo falta darle ninguna explicación cuando llamó el viernes. Se me notaba al hablar.

Aplazamos la cita.

Dos semanas más de tortura,pensaba yo.

Mientras tanto evité el messenger.

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