Thursday, December 30, 2004

La segunda semana de octubre, ya de vuelta a mis bocatas habituales, a mis cafés, a mi vino y mis abundantes platos de pasta, resignada pensando que Daniel quería pagar por follar, que no era yo la que le ponía, que le daba igual que fuera yo u otra, me sentí más tranquila. Casi me parecía que lo había soñado, y me convencía a diario de que el mítico encuentro no tendría lugar.

Una noche a mediados de mes, me encontré por messenger con un chico que llevaba tiempo sin aparecer; otro más de la lista de chicos que se enrollan muy bien al principio porque no tienen nada mejor que hacer, y les resuelves unas horas, para luego desaparecer cuando algo, o alguien, más tangible les ocupa las horas. Aunque este chico era distinto. Yo había intuído algo más profundo en mis intercambios con él. Llegué a pensar que se apartaba de mí porque temía involucrarse más. Aunque también pensé que me ignoraba porque ya se había aburrido de mí. Dependiendo del día que llevase yo, lo explicaba de una manera u otra. Lo que sí sabía con certeza era que lo echaba de menos, que maldecía la distancia que nos separaba, y que me había pasado noches y noches haciéndome pajas bestiales que me dejaban el coño en carne viva, imaginando que no eran mis dedos, sino los suyos, o su lengua...

Y esa noche lo tenía ahí, delante mía, parpadeando en una ventana deseosa de abrirse, y yo no me atreví a abrirla, porque no soy capaz de fingir, porque no podía hablar con él tranquilamente, sabiendo que en esta ciudad había un chico esperando a pagarme 300 euros, como "regalo" para follarme hasta volverme loca, sabiendo que lo que realmente deseaban todas mis yos era hacer el amor con "él".

0 Comments:

Post a Comment

<< Home