Thursday, December 30, 2004

La primera semana de octubre estuve irascible al máximo. Andaba de un lado para otro como una gallina sin cabeza corriendo sin rumbo por el corral. Entre los nervios, la inseguridad, la incertidumbre y el asco, no conseguía relajarme y lo pagué con mi hija, con mis padres, con mis compañeros de trabajo, con mis amigos....todos ellos ajenos a que la gran fraudulenta Linda no era lo que parecía.

Hacía meses que no me acostaba con nadie.

En parte porque sólo había salido en cuatro ocasiones en otros tantos meses, y también porque no me decían nada los chicos que se me acercaban cuando salía. A las dos de la mañana en un pub es muy poco probable que alguien te invite a tomar algo y a dialogar sobre algo que no sea el tamaño de tus tetas o tu culo. No soy ninguna puritana tampoco, pero incluso para follar tengo que notar química, notar que la atracción, por muy visceral que sea, tiene algo que va más allá de lo que es juntar dos trozos de carne.

Necesito que me estimulen la mente, para encender el cuerpo. De lo contrario me basto con mis pajas diarias para correrme sin más.

Me preocupaba mi cuerpo, mis kilos de más, mi largo tiempo en paro sexual. Daniel parecía muy seguro. De lo único que estaba yo segura era de que me moría de ganas de comérmelo todo.

Decidí ponerme a dieta y hacer ejercicio. Tenía tres semanas y todavía podía hacer "algo". Una voz me decía que no me molestara, que ya le había gustado, que llegado el momento del calentamiento el buen hombre se fijaría más bien poco en si me sobraba algo.

Aún así me puse a lechuga y verduras.

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