Thursday, December 30, 2004

Decidí llamarle y decirle que no aceptaría su dinero, que esa era mi condición, que no me importaría pasar una noche loca con él, pero no como puta.

No tenía claro que yo fuese a llamar. Se alegraba mucho de que yo decidiera aceptar su proposición, pero tenía que comprender que si no cumplía las normas no habría trato. El trato era sexo por dinero, como si luego lo quisiera donar a una ONG a él le daba igual, pero yo tendría que irme de su casa con el dinero.

Me sentí ofendida. Había llegado a creer que si estaba dispuesto a pagar tanto por acostarse conmigo, era porque realmente tenía ganas de mí, y que por lo tanto lo haría sin estúpidas normas de por medio. Y ahora estaba viendo que si no aceptaba su dinero, no querría acostarse conmigo.

No era yo la que le ponía, era la situación.

Me indignó. Se lo dije. Le llamé imbécil por pagar por algo que podría tener gratis. Y al insultarle me di cuenta de lo que le estaba diciendo. No puede concebirlo de la misma forma que yo, porque le sobra el dinero. No sabe qué hacer con él. Le hace gracia pagar por follar a una chica que "nunca lo haría", igual que le haría gracia pagar una millonada por cerrar Harrods un día para darse el gustazo de pasear por allí y robarse un lápiz.

Pajas mentales de Linda, para justificarse, para restarle importancia y magnitud al hecho de querer prostituirse por sexo, cuando "nunca lo haría" por necesidad.

Y estaba más necesitada de dinero que de sexo.

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