Thursday, December 30, 2004

Aquella noche que nos conocimos, hace ya tres meses, estuvo intentando convencerme durante unas cuantas horas de que no era un desesperado cualquiera.

Decía que necesitaba follar, que su libido no le permitía estar mucho tiempo sin sexo, y que era difícil encontrar a una chica que estuviera a su altura, que tuviera las mismas necesidades que él.


Por lo visto, las chicas con las que salía eran muy poco aventureras en el terreno sexual, y juraba que las que se encontraba por ahí, dispuestas a algo, eran más bien pocas.

Yo no entendía por qué me lo contaba a mí.

Me explicó que "había algo" en mi mirada y en mi forma de bailar, de moverme, que le hacía pensar en lo buena que sería en la cama.

Admito que la conversación no me desagradaba. Además de pillarme en un momento de baja autoestima, no me encontraba económicamente estable, por lo que llevaba mucho tiempo sin salir, sin arreglarme, sin sentirme atractiva.

No mencionó la parte económica hasta mucho más tarde, cuando ya había captado mi interés.
Notó mi respingo y se apresuró a explicarme que no me estaba insinuando que yo fuese una puta, ni le interesaba ir de putas. Según me decía, no tiene ningún problema económico, y tiene la vida resuelta.

Esto no lo entendí, pero tampoco quise preguntar. Intentaba convencerme de que precisamente no le atraía ir con una mujer que sólo se interesase por el dinero, sino que buscaba a una mujer que se interesara por follar, sin más, sin complicaciones emocionales añadidas, que disfrutase realmente del sexo, y que no follara por quedar bien. Su "regalo" monetario no sería más que eso: un regalo de parte de alguien que no le da importancia al dinero porque le sobra,como podría serlo un ramo de flores o una cena en un restaurante de lujo.

No me engañaba. Yo veía claramente que me estaba proponiendo prostituirme.

Y sin embargo me atraía el condenado. Me fascinaba su manera directa de hablar del sexo, sin tapujos, como algo que se disfruta. Eso lo entendía perfectamente. Y me intrigaba imaginarlo desnudo con su piel pegada a la mía.

Me debatía una vez más entre lo que me pedía el cuerpo y lo que me gritaba la conciencia.

Me dio su número de móvil, me dijo que lo pensara, y que lo llamara una semana después para darle una respuesta.

1 Comments:

Blogger Ardid said...

Ya te agregué. Puedes cotillear el botón que te hice:
http://img.photobucket.com/albums/v247/Ardid/lindabanner.jpg

5:37 AM  

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